Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

La oración colecta de la misa de hoy subraya la conexión de la eucaristía con la Pasión de Cristo, de la que es memorial. La paz y la unidad de la Iglesia están en el fondo de la orac. sobre las ofrendas. En la orac. después de la comunión se subraya la dimensión escatológica de la comunión, «signo del banquete del reino» que nos llenará del gozo de la divinidad. La liturgia de la Palabra nos presenta el sacrificio de Melquisedec, anticipo del de la misa (1 lect.). El sal. resp. nos recordará a Cristo como único y eterno sacerdote de la Nueva Alianza. En la 2 lect. se nos recuerda que la eucaristía es el memorial de la muerte del Señor. Y el Ev. nos narra la multiplicación de los panes, signo profético del banquete mesiánico que es la comunión eucarística. (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2018-2019).

 

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Lc 9, 11b-17. Comieron todos y se saciaron.

Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». Él les contestó: «Dadles vosotros de comer».

Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente». Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno». Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos. Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.

Otras lecturas del día:

– Gén 14, 18-20. Ofreció pan y vino.

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino,  y le bendijo diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos». Y Abrán le dio el diezmo de todo.

– Sal 109. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

 «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, desde el seno,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»

– 1 Cor 11, 23-26. Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

– Secuencia (optativa): Lauda, Sion, Salvatorem.