LXXXI Asamblea Plenaria

DIRECTORIO DE LA PASTORAL FAMILIAR
DE LA IGLESIA EN ESPAÑA

21 de Noviembre de 2003

CAPÍTULO II
La preparación al matrimonio

Es un proceso de crecimiento vocacional

72. La pastoral familiar se ha de concebir como todo un proceso que se desarrolla en la vida. Sólo de este modo se puede ayudar a la persona a superar la fragmentación de la personalidad a la que conduce con frecuencia la sociedad actual. La perspectiva vocacional, que es un eje de comprensión de este Directorio, conduce a entender la preparación al matrimonio como un elemento muy especial de este proceso. Cada etapa o momento del proceso requerirá una atención específica.

Para una misión específica en la Iglesia

73. El primer paso para ello es de la preparación al matrimonio, que también se puede denominar “pastoral prematrimonial”. Con esta denominación nunca se ha de entender únicamente la atención a los novios en los momentos inmediatos a la celebración del matrimonio. Existencialmente esta etapa de preparación consiste en el paso del “ser hijo/a” a “ser esposo/a”: de la aceptación agradecida de una vida recibida en el seno de una familia, como expresión del amor de unos padres, a la capacitación progresiva al don de sí, que será la máxima expresión de la libertad. Se trata, por tanto, de una maduración y capacitación del hombre y la mujer en el seno de una vida eclesial, para una entrega y misión específica en esa misma Iglesia.

A partir de los momentos y etapas de esta preparación se señalarán, al mismo tiempo, los medios y las tareas que deben ofrecerse desde una organización pastoral a nivel diocesano, así como las personas y las estructuras necesarias para llevarlas a cabo.

Hoy resulta apremiante

74. Las graves dificultades que encuentra una persona para constituir su matrimonio y llevar adelante su familia, la extensión de los fracasos matrimoniales y las secuelas de dolor que dejan en tantas personas -en especial las más inocentes: los niños- nos manifiesta la gran necesidad de preparar a las personas para afrontar, con la gracia de Dios y la disposición propia, esta tarea peculiar que han de vivir en la Iglesia [94]. Las carencias de las personas al acceder al matrimonio son también manifestación de una inadecuada preparación por parte de la acción pastoral de la Iglesia, que no ha llegado a responder a las exigencias propias de su misión. Por todo ello, la pastoral de preparación al matrimonio es, en la actualidad, más urgente y necesaria que nunca [95] .

Sentido y finalidad

Ayudar a descubrir la propia vocación

75. La finalidad propia de esta etapa es ayudar a cada persona a encontrar su vocación matrimonial (o también en el celibato cristiano) y a disponer su vida en respuesta a esta llamada divina a un amor conyugal como un camino de santidad [96] . Esta es la realidad profunda, marcada por el mismo Dios, para cada hombre. Perderla de vista o dejarla de percibir por las dificultades ambientales conduciría a una pastoral reductiva, limitada a una visión humana en donde la fe no es el horizonte y, por consiguiente, una pastoral nada atractiva a los jóvenes que buscan realizar un proyecto de vida pleno y con futuro.

Con esta perspectiva, el eje de la pastoral lo constituyen las mismas personas de los futuros esposos, que han de descubrir conjuntamente su vocación al matrimonio y la familia, recorriendo el camino integrador de la educación de su amor en esta etapa de su vida.

Se trata de que, conociendo el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, estén en disposición de hacer que el existir diario de sus vidas se construya como una respuesta afirmativa y comprometida a esa llamada personal de Dios. Primero como aceptación del don de Dios que supone la familia en su vida; luego, en la vivencia del noviazgo como un camino de fe; después, en la celebración sacramental, y, finalmente, en el ámbito del discurrir  matrimonial y familiar.

Mediante la acogida, el anuncio
y la ayuda diferenciada, progresiva y práctica

76. Desde esta perspectiva, la pastoral de preparación al matrimonio habrá de realizarse de manera que se pueda calificar como:

de anuncio, capaz de mostrar la excelencia de la vocación matrimonial en el plan de Dios;

de ayuda y acogida, que ofrezca un camino de seguimiento para una auténtica formación en la madurez de la persona, según la medida de Cristo;

diferenciada, acomodada a la diversa condición y formación de las personas;

progresiva, según el plano de superación y exigencia que comporta siempre la fidelidad al designio divino sobre las personas; y

práctica, que tenga en cuenta todas las posibilidades de actuación en este ámbito y la coordinación de las mismas.

De la profundidad y solidez de esta preparación van a depender, en gran medida, las sucesivas etapas de la pastoral familiar. Se ha de dar un cuidado especial a esta preparación, proporcionando medios, personas y actividades significativas que sean, en su conjunto, claro y vivo anuncio de la verdad del Evangelio del matrimonio y la familia.

Etapas

77. Las etapas o fases de la preparación al matrimonio no se pueden fijar con precisión ni en relación con la edad de los destinatarios ni respecto a la duración que deben tener. Sin embargo, es útil una clasificación general, que permita, con su diversificación de acciones, una coordinación de los fines para llegar al objetivo último que nos proponemos [97]. La Exhortación apostólica Familiaris consortio señala tres etapas o momentos principales en esa preparación: remota, próxima e inmediata.

  • Remota

Desde niños

78. Comienza con la infancia e incluye la adolescencia. Es una etapa muy importante de la educación humana y cristiana que, por tanto, requerirá una atención específica [98] . Debe considerarse como un proceso gradual y continuo, que permita -en la maduración de la persona- tener como centro la vocación al amor [99] y el reconocimiento del valor específico de la esponsalidad.

Corresponde fundamentalmente a los padres

79. El lugar propio e imprescindible de esta primera etapa es la familia. Corresponde a los padres, en su misión de ser los primeros y principales educadores de sus hijos, el derecho insustituible y el grave deber de cuidar este momento inicial de la vocación al amor de sus hijos. Para ello deberán tener en cuenta las diferentes dimensiones de la personalidad de los hijos, atendidas las diversas fases en que se desarrolla la vida (infancia, niñez, los periodos de la adolescencia, etc.) y su grado de madurez y formación [100] . Habrán de centrar sus esfuerzos en procurarles una verdadera educación integral.

En el ámbito del hogar

80. Esta integralidad sólo es posible en el marco del hogar, que resulta, por tanto, insustituible. En este ámbito, las verdades se inscriben en el conjunto de realidades vividas con un fuerte contenido de experiencia humana. Las relaciones personales en el seno del hogar y la valoración de las mismas por parte de sus miembros van constituyendo, poco a poco, la primera identidad de la persona: ser hijo.

Todos los quehaceres cotidianos, los tiempos de ocio y de descanso, las celebraciones festivas, las relaciones propiciadas por el existir de cada día, etc., han de ser el contexto en el que, de manera connatural, se vaya formando la personalidad humana y cristiana de los hijos. No es una transmisión conceptual sino de una tradición como fuente de sentido. Se favorece la unidad de vida y la “mirada contemplativa” ante la realidad [101] , y se evita así la fragmentación del saber propia de la cultura racionalista que hace incomprensible la categoría del misterio y, por tanto, el sentido de la vida.

Con el ejemplo y la palabra

81. Conscientes de que el éxito en ese quehacer depende no tanto de lo que dicen cuanto de lo que viven, los padres cuidarán sobre todo “la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma” [102] . Con el ejemplo y con la palabra, mediante la formación en las virtudes, tratarán de que los hijos se desarrollen armónica y progresivamente de manera que cada uno esté en disposición de vivir con fidelidad la vocación recibida de Dios [103] .

En contacto con otras familias,
con la comunidad cristiana y con entidades educativas

82. Esta misión la realizan los padres en contacto con otras familias, con la comunidad cristiana y en relación con las distintas entidades que tienen una tarea educativa. Es importante para ellos procurar medios efectivos de colaboración que tengan en cuenta siempre el principio de subsidiariedad.

La ayuda de las Escuelas de padres

83. En las parroquias, asociaciones y colegios, es muy fructífera la organización de Escuelas de padres, de cuyo contenido y coordinación se hablará más adelante. Tienen como fin formar a los padres en las implicaciones pedagógicas y los problemas psicológicos, morales y humanos que surgen en la educación de los hijos en los distintos ambientes. Conviene contar con personas capaces de esta enseñanza y que estén a  disposición de los grupos interesados.

Coordinación de la Delegación de Familia
con otras delegaciones diocesanas

84. Es de máxima importancia que el Evangelio del matrimonio y la familia se inserte con naturalidad en el conjunto del anuncio cristiano. La Delegación Diocesana de Familia se ha de coordinar explícitamente con la Delegación de catequesis y de enseñanza para que se aseguren los contenidos mínimos de esta presencia y la formación especializada de las personas encargadas de darlos. No se da una transmisión completa del Evangelio si se omite o se trata marginalmente el tema del matrimonio y la familia [104] . Es absolutamente necesario que los catequistas de los distintos niveles tengan unos materiales adaptados a su periodo catequético y que se les ofrezca medios de formación específica en el tema matrimonial.

Predicación y formación permanente de los presbíteros

85. Por su parte, se insta a los sacerdotes a integrar este anuncio del plan divino sobre el matrimonio y la familia en su predicación y en todas las actividades del ministerio de la Palabra. Para ello es bueno proveer a la ayuda que pueden precisar con una formación permanente y adecuada en este tema.

Presencia de la familia en la iniciación cristiana

86. Es además, en esta época, cuando el fiel recibe la integridad de la iniciación cristiana: los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía, junto con la Penitencia [105] . La presencia de la familia, en la preparación y la celebración de los sacramentos, es el modo de realizar su papel de iglesia doméstica, y el modo como la persona puede ir creciendo en la comprensión de la Iglesia como Madre que da vida y educa para el amor. El lugar central de todo este proceso es la parroquia, que debe cuidar la acogida a las familias que piden los sacramentos para sus hijos, comenzando por el bautismo. En el grupo de acogida que se puede organizar, es necesaria la presencia de matrimonios que sirvan de testimonio vivo de fe ante la familia que solicita un sacramento. Se ha de cuidar en estos momentos la comprensión del grado de motivación de fe con la que vienen, así como el acompañamiento de las situaciones más difíciles, según los criterios que se expondrán después.

Coordinación con la pastoral juvenil
con itinerarios para el noviazgo

87. En la preparación para la Confirmación es de capital importancia la coordinación con la pastoral juvenil en sus distintos itinerarios formativos, análogos al catecumenado. Esta relación debe concebirse de modo que acabe naturalmente integrada en una pastoral familiar, tras la celebración del matrimonio de muchos de los jóvenes que participan en ella. Es más, muchos fracasos de la pastoral juvenil provienen de su aislamiento frente a la pastoral familiar y de la separación del joven de la vida comunitaria en su conjunto, llegando incluso, a veces, a crearse desarrollos eclesiales paralelos, olvidando que el joven ha de ver en los adultos una referencia para su futuro y sentirse heredero de una Tradición.

Por otra parte, la pastoral juvenil debe tener, desde su inicio, una clara motivación vocacional, y facilitar un seguimiento espiritual intenso. La juventud es el momento natural de la elección de estado por el que el joven se abre a un horizonte más allá de su familia de origen y que le lleva a la entrega de sí. Como se dirá más adelante, es el momento en el que pueden aparecer “itinerarios de fe” explícitamente matrimoniales, vinculados al periodo del noviazgo para ayudarles a vivirlo como un acontecimiento de gracia. Para ello es necesaria la coordinación con las Delegaciones diocesanas de juventud y de vocaciones.

Formación doctrinal,
 maduración en las virtudes
y en la vida espiritual

88. En fin, los catequistas, los animadores de la pastoral juvenil y vocacional, y en especial los pastores deberán interesarse por aprovechar los medios y ocasiones de que dispongan, para subrayar y evidenciar los puntos que contribuyan a la preparación orientada a un posible matrimonio: formación doctrinal en el evangelio del matrimonio y la familia; crecimiento en las virtudes para ser capaces de la libertad del don de sí y de comprometerse; progreso en la vida de oración, etc. [106] . También los movimientos, los grupos, y demás asociaciones parroquiales deben sentirse llamados a colaborar en esta tarea. En cualquiera de esos ámbitos ha de darse la importancia que tiene a la educación afectivo-sexual en la formación integral de la persona; de ello se trata en el siguiente apartado.

  • Educación sexual y afectiva

La educación al amor,
más necesaria en nuestros días

89. La vocación al amor, que es el hilo conductor de toda pastoral matrimonial, requiere un cuidado esmerado de la educación al amor. Ésta es más necesaria en nuestros días en cuanto la cultura ambiental extiende formas degeneradas de amor que falsean la verdad y la libertad del hombre en su proceso de personalización: son maneras teñidas de individualismo y emotivismo que lleva a las personas a guiarse por su simple sentimiento subjetivo y no son conscientes siquiera de la necesidad de aprender a amar  [107] .

Si el amor verdadero sólo encuentra su última verdad en la entrega sincera de sí mismo a los demás para realizar la entrega sincera de la vida [108] , es precisa una educación en el conocimiento, dominio y dirección del corazón. En cuanto esto comprende la dimensión de la sexualidad, la integración de la misma para que signifique y exprese un amor verdadero se denomina virtud de la castidad [109] . Por tanto, la castidad no es una represión de las tendencias sexuales sino la virtud que, al “impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana” [110] , hace que el hombre pueda integrar rectamente la sexualidad en sí mismo y en las relaciones con los demás, ordenándola al amor verdaderamente humano.

La virtud de la castidad,
para la integración personal

90. La virtud de la castidad, que tiene como fundamento el don de la caridad y la humildad, es la tarea moral de integración y dirección de los afectos para que el ejercicio de la sexualidad sea expresión de un amor verdadero dentro de la construcción de la comunión de personas que es el matrimonio y la familia. Esta tarea requiere hacerse siempre dentro del marco de una moral de virtudes y de perfección, que exprese el valor constructivo de las normas morales para la madurez de la persona y la llamada de Cristo a una pureza de corazón que tienen como promesa la visión de Dios (cfr. Mt 5,32).

Los padres,
primeros responsables de la educación sexual

91. Los padres son los primeros responsables para llevar a cabo esta educación de la sexualidad, ya en los años de la niñez como luego en la adolescencia. Han de saber ofrecer a sus hijos, en un marco de confianza, las explicaciones adecuadas a su edad para que adquieran el conocimiento y respeto de la propia sexualidad en un camino de personalización. “Siempre se logra más persuadiendo que prohibiendo, especialmente cuando de educar se trata”[111] . Para ello, es importante contar con personas y materiales que proporcionen una ayuda eficaz a los padres en esta tarea. Este tema será uno de los contenidos necesarios en toda escuela de padres.

Es una tarea de tal importancia que los padres no pueden hacer dejación de la misma para que sean otros los que la realicen. Es más, les corresponde velar por la calidad de toda educación sexual que reciban sus hijos en otras instancias.

La educación afectivo-sexual,
integrada en el proceso catequético

92. En el proceso catequético, durante los distintos momentos que afectan a esta etapa, estará presente una catequesis completa y profunda sobre la sexualidad en sus distintas dimensiones: antropológica, moral, espiritual, social, psicológica, etc. Debe ser presentada sin reticencias. Más todavía si se considera el clima de impudor reinante en tantos ambientes y medios de comunicación social, que puede causar grave daño a los niños y adolescentes. Sólo así se entenderá como un elemento propio de la vida cristiana que requiere la iluminación de la fe y la guía del Magisterio de la Iglesia. La Delegación Diocesana de Pastoral Familiar tendrá la responsabilidad de revisar los materiales que se utilicen y de ayudar, mediante expertos, a la adaptación pedagógica y la capacitación de los catequistas que enseñen estos temas.

Los Colegios Católicos
deben tener un programa de educación afectivo-sexual

93. Como complemento y ayuda a la tarea de los padres, es absolutamente necesario que todos los colegios católicos preparen un programa de educación afectivo-sexual, a partir de métodos suficientemente comprobados y con la supervisión del Obispo. La Delegación Diocesana de Pastoral Familiar debe preparar personas expertas en este campo. Este programa debe tener en cuenta los distintos momentos de la construcción de la personalidad en relación con la configuración de la “identidad sexual” o asunción madura de la propia sexualidad, con momentos diferenciados según los sexos. En estos programas se ofrecerán -de un modo integrado y partiendo de la experiencia de los jóvenes- los fundamentos humanos de la sexualidad y el afecto, su valor moral en relación con la construcción de la persona y su sentido en el plan de Dios. Igualmente, se ha de estudiar a nivel diocesano, con la cooperación de la Delegación de Enseñanza,  el modo de extender esta enseñanza a los centros públicos y a las asociaciones educativas que tengan niños y jóvenes de estas edades.

Los Centros de Estudios sobre matrimonio y familia
han de profundizar en esta educación

94. Los Centros de estudios sobre el matrimonio y la familia deben profundizar el estudio de estos temas, también en sus aspectos pedagógicos. Por parte de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal se ofrecerá a las Delegaciones diocesanas un asesoramiento de los medios más adecuados y de los especialistas que trabajan en este campo. Además, se procurará contar con personas expertas en los Medios de Comunicación Social, para hacer llegar a la sociedad una buena información sobre todos los temas relativos a la sexualidad humana.

  • Próxima

Juventud y noviazgo,
centro de esta etapa

95. Esta segunda etapa coincide generalmente con la época de la juventud en la que aparece la cuestión de la elección de estado. En este periodo es esencial la coordinación en fines e iniciativas con la pastoral juvenil y vocacional y las respectivas Delegaciones diocesanas. El noviazgo es el centro de esta etapa, la configura y le da una identidad propia. Se ha de entender como el tiempo de gracia en el que la persona descubre la vocación específica del matrimonio y se orienta hacia ella. Reviste, en consecuencia, unas características determinadas.

  • Finalidad

Capacitar para el matrimonio

96. Es el momento de una formación más particular sobre el descubrimiento concreto de la vocación matrimonial y sus notas características, sobre los aspectos necesarios para responder a la misma y para prepararse a asumir las responsabilidades que conlleva el matrimonio. Se trata de conseguir una disposición que lleve a una celebración y posterior vivencia del matrimonio con las debidas disposiciones morales y espirituales [112] .

Educación integral, humana y espiritual

97. Los jóvenes han de alcanzar la madurez de la persona y la capacidad de entrega. No puede faltar, por tanto, un acompañamiento dirigido hacia una educación cristiana integral donde esta preparación próxima pueda ser efectiva. El joven fortalecerá su vocación matrimonial mediante la formación en las virtudes, la dirección o acompañamieno espiritual, la práctica de la oración y la celebración de los sacramentos, particularmente de la Reconciliación y la Eucaristía. Así, con la ayuda de la gracia, los novios crecerán cada vez más en el respeto mutuo que exige la dignidad de su condición y vocación, y estarán en disposición de donarse como matrimonio a Cristo, cuando llegue el momento de la celebración sacramental. 

Para que comprendan todo el contenido de su vocación

98. Al dirigirse a personas ya adultas, se les ha de ofrecer la instrucción adecuada para que comprendan todo el contenido de su vocación, a saber:

el sentido del matrimonio como llamada a la santidad [113]

la dignidad, misión y ejercicio del amor conyugal [114]

el significado y alcance de la paternidad responsable, con los conocimientos médico-biológicos y morales que están en relación con ella [115]

el conocimiento de los elementos necesarios para una ordenada conducción de la familia en lo que respecta a la educación de los hijos, sabia administración del hogar, etc. [116]

la grandeza de la misión de la familia como “santuario de la vida” [117]

En la Comunidad cristiana:
parroquia, movimientos familiares.

99. El lugar adecuado de esta pastoral es, por tanto, la comunidad cristiana, en especial, la parroquia, en la que hay que saber integrar a los jóvenes, para que puedan ver realizados los valores y las verdades que se les anuncia en el Evangelio y para que se introduzcan en el conjunto de la vida adulta, especialmente a través de la construcción de una familia y el trabajo profesional. El testimonio coherente de vida y la cercanía al joven son elementos de gran valor en este momento pastoral. En esta tarea hay que alabar la aportación de las asociaciones y movimientos familiares para la acogida y formación de las personas en esta etapa de sus vidas.

Como anuncio del Evangelio y acción eclesial se ha de cuidar con gran esmero la formación y coordinación de las personas que realicen esta tarea, para que en fidelidad al Magisterio y con coherencia de vida, sean los que den testimonio veraz y gozoso de una vida cristiana auténtica. Tan sólo de esa manera podrán acompañar adecuadamente a los futuros esposos en el proceso de maduración en la vida de fe, el compromiso con el mensaje del evangelio y las responsabilidades vinculadas al matrimonio [118] .

  • El noviazgo

Tiempo de crecimiento
con un proyecto más o menos próximo de matrimonio

100. El noviazgo es el punto central de referencia para toda esta etapa. Se ha de entender como tal el período de tiempo en el que un hombre y una mujer crecen en el conocimiento mutuo con un proyecto más o menos próximo de matrimonio. Se trata de una relación con una cierta estabilidad y compromiso común, distinta de un simple encuentro sin más continuidad o de una relación sin otro fin que el trato mutuo.

Los novios deben ser conscientes de que viven una etapa en la que, con la ayuda de la gracia y el recurso a los medios que la Iglesia pone a su disposición, han de crecer en el conocimiento y en la capacitación para responder al proyecto de Dios sobre sus vidas. La finalidad de este momento es, en último término, hacer que los novios maduren, mediante su relación, para el auténtico don de sí como fundamento de la construcción de un hogar. El noviazgo, por tanto, se debe inspirar en el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza. En ese itinerario les será de gran utilidad contar con la ayuda de un acompañamiento o dirección espiritual adecuado a su situación. Por todo ello, es un tiempo que por sí mismo tiene una significación decisiva que la pastoral familiar ha de saber valorar en toda su importancia. La experiencia demuestra que la fidelidad del futuro matrimonio está ligada en buena parte a la manera de vivir la etapa del noviazgo.

Descubrir la presencia de Dios en su relación
y el valor de la sexualidad y de la castidad

101. El esfuerzo por ayudarse en el recíproco conocimiento y la superación de las dificultades será entonces uno de los criterios de la autenticidad de su relación. El noviazgo ha de ser una etapa que, desde los diversos aspectos implicados en la masculinidad y feminidad, debe contribuir a que el futuro matrimonio se construya como una comunidad de vida y amor. Se trata de un proceso de maduración en el que han de estar comprometidas todas las dimensiones de la persona, y cuidar con delicadeza el reconocimiento de la presencia de Dios en su relación.

De manera especial deberán ayudarse mutuamente a crecer en la castidad y diferenciar con claridad el matrimonio de las relaciones prematrimoniales y las uniones a prueba [119], con una asunción personal de las razones doctrinales de la Iglesia que las juzga como gravemente inmorales. La castidad, como virtud, es la disposición necesaria para el don pleno de sí mismos en el matrimonio. Sólo de esa manera esa relación será también cauce del amor de Dios.

Con la seguridad de que la gracia es más fuerte que el pecado

102. Con la seguridad de que la fidelidad a la ley de Dios es el camino de la verdadera libertad del ser humano y que la gracia es más fuerte que el pecado, en este periodo aprenderán a gustar la misericordia de Dios en sus vidas como un gran don ofrecido por la Iglesia. Esta experiencia de fe será el motivo del ánimo y la esperanza de ser capaces, con la gracia de Dios, de construir su historia de amor a la luz del plan de Dios. Los responsables de la pastoral tienen aquí un cometido importante que realizar en la ayuda a los novios.

  • Modos

Partir siempre de la situación de los destinatarios

103. En esta etapa se da una gran diversidad de situaciones de fe y de circunstancias vitales. En este sentido se asemeja a toda pastoral de juventud en la que se ha de estar abierto a una multitud de situaciones personales que requieren caminos concretos para una atención personalizada. Para llevar a cabo los objetivos de esta etapa será necesario partir siempre de la situación de los destinatarios. Se deben proveer, con una gran flexibilidad y creatividad, medios adecuados para atraer a las personas que extiendan en toda la pastoral juvenil la conciencia de que es necesaria una formación y acompañamiento específicos en el tema de la preparación al matrimonio y el momento del noviazgo.

En diálogo sincero
para llegar a un anuncio pleno y directo del significado del matrimonio

104. El primer paso para ello es un diálogo sincero con cada persona para poder conocer el nivel de formación religiosa, el compromiso de vida cristiana, los motivos por los que se plantea un noviazgo, la disponibilidad a recibir ayuda, etc. Es el momento de coordinar un anuncio pleno y directo del horizonte que significa el matrimonio con la atención a las carencias que pueden presentar para responder con plenitud a la vocación matrimonial. En la medida en que se sepa conectar con sus inquietudes esta etapa puede constituir, para no pocos de los que acuden a prepararse para el matrimonio, una ocasión privilegiada para replantearse su vida cristiana, su participación en las actividades de la parroquia, etc.

Pastoral diversificada

105. Es conveniente desarrollar una pastoral diferenciada, a modo de círculos concéntricos de diálogo evangelizador. Es una pastoral que tendrá como primera referencia la parroquia pero que debe recibir una ayuda próxima por parte de la Delegación de Pastoral Juvenil y de la Delegación Diocesana de la Pastoral Familiar, que puede ofrecer una coordinación por arciprestazgos o zonas pastorales, y la formación de personas y equipos. En este momento se ha de contar con la experiencia y la ayuda de las asociaciones familiares que pueden enriquecer mucho este momento pastoral. Podemos distinguir tres círculos de actuación:

Abrir horizontes y fundamentar convicciones

106. En primer lugar, una pastoral de anuncio que ayude a las personas a tomar con interés y responsabilidad su relación como pareja: un momento de reflexión y diálogo con el verdadero y hermoso mensaje de la Iglesia tantas veces desfigurado o desconocido. Es importante que las personas se sientan escuchadas para abrir horizontes y fundamentar convicciones. El marco común debe ser la belleza de la vocación matrimonial como una vocación al amor que requiere el don sincero de sí sin condiciones y la integridad de los significados personales de la sexualidad. No se debe ocultar una enseñanza moral que, fundada en el amor verdadero, sepa tratar con profundidad los temas más debatidos en este momento [120] , como son: la identidad sexual y del matrimonio, las relaciones prematrimoniales, la regulación responsable de la natalidad, el aborto provocado, la homosexualidad. Igualmente, se debe educar en el sentido social del matrimonio y la superación de la privatización de las relaciones de pareja. Se ha de ver la oportunidad y organización de estos diálogos para que no sea un simple foro abierto de opiniones sino un momento de evangelización. Dado el alejamiento de muchos de  una fe vivida, se ha de observar, con paciencia y prudencia pastoral, el momento más adecuado para proponer una verdadera integración en la vida eclesial.

Catecumenados para integrar fe y vida

107. En segundo lugar, es imprescindible la presencia de un contenido de vocación matrimonial, de relación mutua y de formación sexual en los diversos procesos formativos de jóvenes. No puede darse como un simple tema de discusión o una mera información de datos, sino se ha de buscar un verdadero conocimiento desde la fe y su integración en la vida cristiana. Se trata de una lenta formación que requiere tiempo y paciencia. Es bueno que se integren en momentos más específicos o en relación a algún acontecimiento dentro de la vida del grupo de catecumenado. Es muy importante la sinceridad en los temas y la libertad de los jóvenes en sus expresiones.

Aun tratándose de personas cercanas a la Iglesia no se puede dar nada por supuesto, sabiendo afrontar pastoralmente, por parte de los que dirigen estos catecumenados, las distintas formas de desánimo ante las dificultades y las experiencias negativas que se puedan presentar. No debe faltar el testimonio de matrimonios con experiencia para que sirvan de punto de referencia a los jóvenes y avalen con su vida la fuerza del mensaje que se anuncia. Igualmente, es necesaria la presencia de un sacerdote, que aporte el sentido de su celibato, el acompañamiento o guía espiritual y la asistencia sacramental.

En grupos de novios

108. Por último, está la organización de verdaderos “itinerarios de fe” dedicados específicamente a grupos de novios que quieran vivir esta etapa como un momento de fe y de gracia, lo cual requiere una iluminación y empeño especiales por parte de la comunidad eclesial. Por la importancia de estos itinerarios se les dedica un apartado específico.

  • Caminos o “itinerarios de fe”

Formación progresiva e integral

109. Se trata de programar a modo de “catecumenado” un “itinerario de fe” en el que, de manera gradual y progresiva, se acompañará a los que se preparan para el matrimonio. En ningún caso se pueden reducir a la transmisión de unas verdades, sino que debe consistir en una verdadera formación integral de las personas en un crecimiento humano, que comprende la maduración en las virtudes humanas, en la fe, la oración, la vida litúrgica, el compromiso eclesial y social, etc.

Para asumir plenamente el proyecto de Dios en sus vidas

110. Una programación adecuada de estos “itinerarios de fe” exigirá dar una serie de pasos que, a modo de etapas, ayuden a los novios en el descubrimiento y compromiso con el designio o proyecto de Dios sobre sus vidas. Su duración puede ser variable, pero con el tiempo suficiente para constatar en la vida aquello que se recibe en el catecumenado y su confrontación con el conjunto de la vida cristiana. No se puede olvidar en este proceso la dimensión apostólica que ha de tener un noviazgo cristiano ante una sociedad que ignora muchos de los valores fundamentales de esta etapa. Las personas que pasen por este proceso serán animadores de esta pastoral en los grupos y las comunidades a las que pertenezcan, multiplicando el anuncio del Evangelio y enriqueciéndose a sí mismos con esta experiencia de verdadera misión.

En todo caso será muy conveniente la relación entre los distintos itinerarios existentes en la diócesis -parroquiales, de arciprestazgo o zonas pastorales y de las asociaciones familiares- para que se apoyen y animen unos a otros y sean fermento de renovación y de esperanza.

Rito de Bendición de los novios

111. Después del período de preparación en el camino o “itinerario de fe” (cuya duración variará según los casos), puede ser oportuna la celebración del rito de Bendición de los novios [121] . Además de manifestar que los novios están dispuestos a vivir su preparación al matrimonio como un camino de fe, sirve también para hacer ver que esa etapa de sus vidas tiene relevancia para la vida y comunidad eclesial [122] . Es conveniente que en ese rito participen los responsables de la pastoral prematrimonial inmediata, como expresión de la continuidad del proceso.

A partir de ese momento (o cuando se tenga una profundización suficiente en el mensaje central del cristiano) tiene lugar la preparación inmediata. Como fruto de esa preparación, los novios han de ser conscientes de la altísima dignidad del camino que están llamados a vivir: cooperar con Dios en la revelación y comunicación del amor y de la vida.

  • Inmediata

Para el conocimiento de las obligaciones del matrimonio
y para disponer al sacramento

112. Tiene como destinatarios a los que están comprometidos a contraer matrimonio en un futuro inmediato. “Debe tener lugar en los últimos meses y semanas que preceden a las nupcias” [123] . Y se dirige sobre todo a proporcionar a los contrayentes un conocimiento más profundo de las obligaciones que se derivan del matrimonio, la madurez necesaria para afrontarlas [124] , la disposición para recibir fructuosamente el sacramento, y, sobre todo, hacer presente la solicitud de la Iglesia por que cada matrimonio se sienta acompañado y atendido en estos momentos de tanta importancia.

Adaptar los cursos prematrimoniales al nivel de los novios
y suplir carencias de formación

113. La experiencia pastoral nos muestra que gran cantidad de personas piden a la Iglesia el matrimonio sin haber recorrido adecuadamente el itinerario de la preparación próxima y careciendo de la preparación remota. Toda pastoral familiar ha de ser consciente de esta situación para intentar suplir con los medios adecuados esas carencias. Entonces la acción pastoral se dirigirá a conseguir de alguna manera los objetivos señalados para la preparación próxima.

Esta etapa se centra en las catequesis o cursos prematrimoniales, la explicación de la liturgia del sacramento y las entrevistas que los contrayentes tendrán con el sacerdote.

Aunque a veces no es fácil distinguir en una pareja de novios si necesitan un primer anuncio de la fe, un proceso catequético o simplemente una preparación para el sacramento [125] ; habría que tener en cuenta esta triple distinción a la hora de realizar ofertas de cursos prematrimoniales, para ajustarse mejor a la situación de los que se van a casar.

  • Encuentros o catequesis de preparación al matrimonio

Ocasión privilegiada de evangelización

114. Los encuentros o catequesis de preparación al matrimonio, también llamados cursos prematrimoniales, son una ocasión privilegiada de evangelización. Un encuentro con la Iglesia como Madre que se preocupa de sus hijos en el momento crucial de contraer matrimonio. Por consiguiente, el aspecto de anuncio y de presencia eclesial constituirán fines fundamentales de todo curso, que se deben adaptar a las personas que acudan a ellos, teniendo en cuenta  la diversidad de situaciones respecto a la fe y la vida religiosa.

Por la situación actual de un secularismo generalizado es muy alto el número de personas que acuden a la Iglesia para solicitar el matrimonio con una vida cristiana, por desgracia, muy pobre o, en realidad, alejados de la Iglesia. Es una realidad fundamental a tener en cuenta a la hora de la organización y programación de contenidos de estos cursos, por medio de los cuales se ha de responder a las necesidades y carencias que presentan los novios.

Una preparación más profunda

115. En todo caso, es absolutamente necesario que los cursos prematrimoniales no se separen del conjunto de la Pastoral Familiar sino que, por el contrario, por la participación en ellos se perciba la importancia de una preparación más profunda y se abra la posibilidad de una vinculación con “los itinerarios de fe”. Igualmente, al hablar de su futuro matrimonial, se deben presentar los servicios de ayuda eclesiales para la construcción de la familia, señalándoles los momentos principales de esta ayuda y los medios que se les puede ofrecer para ello.

La presencia de muchas personas de poca formación religiosa no debe conducir a un ocultamiento de lo específicamente eclesial sino, por el contrario, a mostrarles la comunidad cristiana en su interés por el matrimonio en toda su amplitud. De este modo se podrán de sentir amparados por la Iglesia y sus enseñanzas, y felices del reencuentro con Ella.

Importancia de la acogida

116. Lo primero que se ha de cuidar es la recepción de los novios cuando solicitan información de los requisitos que pide la Iglesia para el matrimonio. Por encima de todos los requisitos jurídicos es un momento de encuentro con la Iglesia y de abrirles un camino en el que se les acompañará en todo momento. Para facilitar este encuentro se puede contar con matrimonios de acogida que realicen esta función.

Objetivos fundamentales

117. Los objetivos fundamentales de estos cursos están en continuidad con los de la preparación próxima: el conocimiento del matrimonio cristiano como un camino de santidad y la adquisición de las disposiciones subjetivas para la recepción válida y fructuosa del sacramento. A estos objetivos tienen que responder los contenidos y métodos de estas catequesis. En este sentido la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar debe tener conocimiento de todos los cursos que se realizan y supervisar la coordinación de los mismos para que exista una coincidencia básica de contenidos, se realicen con una pedagogía adecuada y se asegure la preparación de los que los dirigen. Es un signo de comunión eclesial de gran efectividad pastoral.

Presentar los contenidos
de la realidad humana y cristiana del matrimonio

118. De un modo progresivo se les ha de presentar los contenidos de la realidad humana y cristiana del amor conyugal. Así:

— Amor y persona, con temas como: el significado de ser persona y de la vida conyugal; la vocación al amor, el amor conyugal y sus notas esenciales; la convivencia matrimonial y familiar con sus tareas y sus implicaciones jurídicas.

Anuncio del misterio de Cristo y de la Iglesia que están presentes en su matrimonio, con temas como: el descubrimiento de Jesucristo, como el que da sentido a la vida de la persona y a la vida matrimonial; la belleza y bondad del plan de Dios sobre el matrimonio y la familia; la dimensión eclesial y la sacramentalidad del matrimonio.

Vida y espiritualidad de la familia, con temas como: los significados propios de la sexualidad humana; la fecundidad del amor esponsal y paternidad responsable; la familia, pequeña iglesia, y su misión; espiritualidad familiar para insistir en los elementos de la vida cristiana, así como la oración y los sacramentos en los que se inserta el sacramento del matrimonio.

El modo concreto de llevarlo a cabo, los materiales pedagógicos que se ofrezcan y la formación que se disponga para los agentes que intervengan en estos cursos debe ser determinado por la Delegación Diocesana teniendo en cuenta la realidad de los cursos en la diócesis y las carencias que presentan.

Duración del curso
y equipo pastoral

119. La duración mínima de estas catequesis no debería ser inferior a diez temas o sesiones. Es muy importante el cuidado del grupo o equipo de agentes de pastoral que imparten estas catequesis. A ser posible debe haber en él matrimonios de distintas edades y algún sacerdote, pues de este modo se presenta la Iglesia en su variedad de vocaciones y se les aporta la experiencia y la fidelidad de los mayores y la cercanía y creatividad de los jóvenes. Puede contar con algunos expertos en diversas áreas. Lo urgente y delicado de su tarea precisa de una preparación específica en el evangelio del matrimonio y la familia, pues no basta con la buena voluntad o el dominio de una ciencia.

Metodología:
anuncio y diálogo; celebraciones de fe

120. En cuanto a la metodología debe ser de anuncio, en el que se introduzca a los novios en la verdad del plan de Dios. Es esencial crear un clima de libertad en el que los novios puedan expresar su propio proyecto de vida, pues sólo así se habla desde la verdad de la vida. Por desgracia, con frecuencia se constata que los novios vienen a “cubrir el expediente” y a salvar las apariencias; aunque, gracias a Dios, muchas veces acaban abriéndose a la buena nueva que se les presenta en los cursos y aceptando la presencia de Dios en su proyecto matrimonial. A pesar de la brevedad de la mayoría de los cursos, deben presentar con integridad y claridad la doctrina de la Iglesia que, de otro modo, es difícil que la reciban en un futuro.

En la realización de las catequesis debe estar siempre presente la oración, y también se pueden introducir celebraciones tanto penitenciales como eucarísticas atendiendo a la disposición de las personas que participan en ellos. Al finalizar las catequesis prematrimoniales, se les ha de invitar a una participación activa en la comunidad cristiana de modo concreto y adaptado a la nueva residencia que van a tener. También es un buen momento de dar información de dónde pueden aprender los métodos naturales de conocimiento de la fertilidad y los medios que ofrece la diócesis para la asistencia a los problemas familiares.

Obligatoriedad de los cursos prematrimoniales

121. La participación en el curso prematrimonial, dada las circunstancias actuales, ha de considerarse como moralmente obligatoria para los que se preparan al matrimonio. Dentro del trabajo de coordinación de la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar está el promover distintos tipos de cursos adaptados a las circunstancias de los contrayentes. Como es obvio, se ha de cuidar que los novios puedan hacerlo juntos. Aunque su eventual omisión no debe ser considerada como un impedimento para la celebración del matrimonio [126] , no se ha de dispensar fácilmente de ella. En cualquier caso de dispensa, no pueden faltar nunca encuentros personales con los contrayentes en los que se aborden los temas antes indicados. Como último recurso se podrían aceptar unos cursos por correspondencia, siempre que se realicen con el permiso del Obispo que constate la idoneidad y que no falten al menos algunas conversaciones personales de los novios con el párroco.

La necesidad de las catequesis prematrimoniales será sentida cada vez más por los fieles y en las comunidades, en la medida en que  se cuiden los contenidos y estén en relación con el conjunto de la pastoral familiar. De esa manera quienes hayan asistido a las catequesis pasarán a ser los mejores propagandistas de su necesidad y utilidad.

  • Catequesis sobre la liturgia de la celebración

Para la comprensión y participación activa

122. La finalidad de esta catequesis es la participación activa y personal de los contrayentes en su matrimonio. Se ha de ayudar a los futuros esposos a profundizar en la doctrina sobre el matrimonio y a proceder en la decisión de casarse movidos por motivos acordes con el sacramento que van a celebrar. Para ello se partirá de la riqueza de signos y significados de la liturgia del matrimonio para introducirlos en el sentido propio de la celebración, con su valor sagrado y el elemento de  trascendencia que se viven en ella. Debe hacerse a los novios “una catequesis sobre la doctrina del Matrimonio y la familia, del Sacramento y sus ritos, preces y lecturas, para que así puedan celebrarlo de manera consciente y fructuosa” [127] .

En conexión con los cursos prematrimoniales y la Delegación de catequesis es conveniente que se programen catequesis de Confirmación para adultos, para que los novios que no hubieren recibido el sacramento de la Confirmación puedan hacerlo, siempre que ello sea posible sin grave dificultad [128] .

Celebrar la Reconciliación y la Eucarisitía

123. Movidos por el celo pastoral, con la prudencia requerida, los pastores procurarán que los novios reciban el sacramento de la Penitencia y se acerquen a la Sagrada Eucaristía, principalmente en la misma celebración del Matrimonio [129]

  • Las entrevistas de los novios con el párroco

Necesarias e insustituibles

124. Las entrevistas con el párroco o sus colaboradores son necesarias e insustituibles. No sólo para que se cumplan con exactitud las disposiciones jurídicas previstas. Animado por el celo pastoral el párroco (por sí mismo o a través de sus colaboradores), con un diálogo personalizado podrá completar aún más la catequesis sobre cuestiones determinadas y afrontar problemas de conciencia particulares. En todos los requisitos jurídicos que se exigen los pastores cuidarán de presentar su valor de protección del matrimonio en el marco de una atención pastoral por parte de la Iglesia.

Importancia del Expediente matrimonial

125. A fin de que pueda tener lugar la celebración del matrimonio, ha de constar que nada lo impide [130] . Ése es precisamente el objetivo del expediente matrimonial que comprende el examen de los contrayentes y las proclamas matrimoniales.

La normativa general la Conferencia Episcopal Española especifica que el expediente matrimonial debe llevar a constatar la ausencia de impedimentos para la celebración del matrimonio, así como la integridad del consentimiento, libre y con el compromiso de casarse aceptando la naturaleza, fines y propiedades del matrimonio y, por último, que se ha recibido la adecuada formación [131] .

La instrucción del expediente corresponde al párroco, a quien compete asistir a la celebración del matrimonio. En el caso de no fuera así, se le deberá comunicar cuanto antes el resultado mediante documento auténtico [132] .

Discernir la capacidad y libertad de los contrayentes

126. Se deberá prestar una atención particular al llamado examen de los contrayentes. Es un momento especialmente significativo en el discernimiento de la autenticidad del matrimonio que proyectan celebrar. La declaración de los contrayentes deberá hacerla cada uno de ellos por separado. Al examen de los contrayentes ha de unirse el testimonio de los testigos. Uno de los puntos importantes de este examen es comprobar su capacidad de llevar a cabo las obligaciones del matrimonio. No siempre se puede dar por supuesta la madurez psicológica de los contrayentes. La percepción de un defecto en este sentido debe conducir a un examen por parte de un experto.

Las proclamas matrimoniales

127. Para facilitar a todos los fieles el cumplimiento de la obligación de manifestar a la autoridad competente los impedimentos de que tengan noticia [133] , la Conferencia Episcopal Española ha establecido que “se publiquen las proclamas por edicto fijado en las puertas de las iglesias por un plazo de quince días o, donde haya tradición de ello, léanse las proclamas habituales al menos dos días de fiesta” [134] . La publicación de las proclamas puede ser una buena oportunidad para recordar a la comunidad cristiana los temas más fundamentales sobre el matrimonio y la familia.

RESUMEN

  • La grandeza de la vocación matrimonial requiere una preparación honda y completa, prolongada y diversificada, así como una acción pastoral rigurosa y coordinada.

  • La preparación remota al matrimonio tiene lugar en los hogares cristianos desde la infancia. El modo propio es la fe vivida e irradiada en la convivencia familiar.

  • La responsabilidad primordial atañe a los padres. Han de contar con la ayuda de la parroquia y de la escuela; en ambas resulta oportuna la organización de Escuelas de padres.La educación afectivo-sexual compete primordialmente a los padres. En nuestros días es especialmente necesario -dado el impacto negativo del pansexualismo sobre los niños y jóvenes- que los padres asuman esta responsabilidad. Las diversas instancias eclesiales han de preparar programas de educación afectivo-sexual para menores. Asimismo se ha de integrar esta educación en el proceso catequético.

  • La preparación próxima abarca el período de la juventud. Se ordena a capacitar para el amor y la vida matrimonial.

  • El noviazgo reviste una consistencia específica como etapa idónea para asimilar paulatinamente el evangelio del matrimonio y de la familia.

  • Es muy oportuna la promoción de Grupos de novios, configurados como itinerarios de maduración humana y de fe, que favorezcan una formación integral.

  • La preparación inmediata se ordena a que los novios se dispongan adecuadamente para celebrar el sacramento del matrimonio.

  • Dadas las diversas carencias de muchos novios, las catequesis o encuentros de preparación al matrimonio son una importante ocasión evangelizadora.

  • En un clima de acogida, libertad y diálogo, dentro de los cursos de preparación al matrimonio se ha de presentar de modo claro e íntegro la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia.

  • Las entrevistas con el Párroco para realizar el expediente canónico y para preparar la liturgia son también ocasiones para un diálogo y una catequesis más personalizados.

 

CAPÍTULO III 
La celebración del matrimonio

Acontecimiento central

128. El quicio de la pastoral familiar está en la celebración del sacramento del Matrimonio. El nexo  entre el antes y el después del sacramento consiste en entender el matrimonio como un don y una vocación a la santidad por medio del amor conyugal. Este hecho es lo que se resalta en el matrimonio como celebración; así es manifestación de una vida que va a ser signo y realización del amor de Cristo.

1. El matrimonio, realidad  eclesial

Ha de cuidarse la Celebración para que exprese lo que realiza

129. La celebración del sacramento ha de cuidarse para que, por encima de los condicionamientos sociales, resplandezca como un acontecimiento de la historia de la salvación para los cónyuges y, a través de su sacerdocio común, sirva al bien de la Iglesia y de la sociedad [135] . Debe por eso estar dirigida a expresar lo que realiza: en el mismo amor de los esposos el misterio de la Iglesia, que reconoce en el sacramento la presencia del Señor Resucitado que incorpora a los esposos al Amor Trinitario [136] .

Los contrayentes, ministros y sujetos del sacramento.
Participación de la Comunidad

130. El fin de esta etapa es la participación activa y fructífera de las personas presentes en la celebración nupcial [137] . En primer lugar de los contrayentes. Ellos, como ministros y sujetos próximos de la gracia del sacramento, son principales responsables de la celebración. Junto con ellos, el ministro ordenado que preside la celebración, los testigos cualificados, que han de intervenir no sólo como garantes del matrimonio como acto jurídico sino también como representantes de la comunidad cristiana. Además, los padres, los familiares, los amigos y todos los que asisten a la celebración. El matrimonio que se celebra es una realidad en la que está comprometida la entera comunidad eclesial, de manera especial aquella particular de la que forman parte los que se casan [138] .

Ha de integrarse en la vida parroquial

131. Para hacer más manifiesta la dimensión eclesial y comunitaria se “aconseja también la participación de la comunidad parroquial, por lo menos a través de algunos de sus miembros” [139] . Por este mismo motivo, “teniendo en cuenta las costumbres de cada lugar, si no hay inconveniente, pueden celebrarse varios Matrimonios al mismo tiempo o realizarse la celebración del Sacramento en la asamblea dominical” [140] . Dada la dificultad práctica de estos objetivos, normalmente lo más oportuno será la celebración fuera del horario habitual de las Misas.

2. La liturgia de la celebración

Preparar la Celebración con los novios, siguiendo el Ritual

132. Objeto de una atención particular será cuanto atañe a la misma celebración, que deberá prepararse cuidadosamente, siguiendo el Ritual del Matrimonio, con la participación de los que van a casarse [141], que son no sólo los primeros protagonistas sino los ministros del sacramento, en cuanto se insertan en la alianza esponsal de Cristo con la Iglesia. A este propósito, y con el fin de que se consigan los frutos que se esperan, los pastores, en un diálogo personal con los contrayentes, se esmerarán en la preparación de las diversas partes y ritos de la celebración [142] .

Dar la debida relevancia a la Liturgia de la Palabra.
Elegir cuidadosamente el formulario litúrgico adecuado

133. Dentro de la explicación de la liturgia de la celebración del matrimonio, se procurará dar la debida relevancia a la Liturgia de la Palabra. Para ello, en los encuentros precedentes con los novios, será oportuno elegir con ellos, de entre los textos del Ritual, las lecturas más acordes con su situación, comentarlas, y ayudarles a penetrar mejor en su sentido. Se elegirá siempre por lo menos una lectura bíblica que hable explícitamente del matrimonio [143] .

Para el momento de la celebración, se elegirán lectores aptos y preparados para la proclamación de las lecturas. No parece oportuno que las proclamen los mismos novios, ya que son ellos los destinatarios de la Palabra de Dios proclamada. La homilía es un momento importante de la liturgia de la palabra que deberá centrarse “en la presentación del ‘misterio grande’ que se está celebrando ante Dios, ante la Iglesia y ante la sociedad. (...) A partir de los textos de la Palabra de Dios proclamados y/o de las oraciones litúrgicas, se iluminará el sacramento y se indicarán sus consecuencias en la vida de los esposos y de las familias. Evítense alusiones superfluas a la persona de los esposos” [144] . Se elegirá también cuidadosamente el formulario litúrgico para la celebración, según los modos que ofrece el Ritual.

Favorecer la participación consciente

134. La participación activa de los asistentes se verá favorecida si se utilizan moniciones adecuadas que vayan introduciendo a la asamblea en el significado de los textos litúrgicos, en el contenido de las oraciones, en la comprensión de la estructura de la celebración. Deberán, por eso, estar debidamente preparadas y usarse con sobriedad. Sólo entonces, sin romper el ritmo de la celebración, ayudarán al recogimiento y comprensión de la importancia de la celebración [145].

Sobriedad, sencillez y autenticidad

135. Siempre deberá cuidarse que “los particulares [cuanto rodea el rito y las ceremonias litúrgicas] de la celebración matrimonial se caractericen por la sobriedad, sencillez y autenticidad” [146] . A ello contribuirá, en primer lugar, que el celebrante se adecue a la verdad de los signos que utiliza la acción litúrgica [147] . Y también que los cantos y las obras musicales sean adecuados al rito del matrimonio de manera que expresen la fe de la Iglesia [148] .

Con esta misma finalidad se buscará, con las indicaciones necesarias, que la actuación de los fotógrafos y operadores de video sea discreta y en modo alguno sea  motivo de distracciones en la celebración. Puede ser incluso conveniente, en este punto, una normativa común a nivel diocesano para evitar abusos y malas interpretaciones.

Evitar ostentaciones y derroches

136. Sin menoscabo del carácter festivo que debe presidir la celebración, incluso en la ornamentación de la iglesia habrán de evitarse las ostentaciones y derroches que puedan significar una acepción de personas privadas o de clases sociales. A la vez habrá que observar las indicaciones que se refieren a la condición de las personas en las leyes litúrgicas [149] . Guárdese, igualmente, la dignidad y el decoro de los vestidos en la celebración del sacramento. Para la celebración del matrimonio, se emplearán siempre los formularios y ritos previstos en el Ritual, eligiendo los más adecuados a cada situación. 

  • La celebración dentro de la Misa
Por la profunda conexión
del sacramento del Matrimonio con el de la Eucaristía

137. “El Matrimonio se celebrará normalmente dentro de la Misa” [150] . De esa manera aparece más claro el vínculo que tienen todos los sacramentos con el Misterio Pascual de Cristo [151] y se pone de relieve la acción de Dios en la celebración del matrimonio, en cuanto gesto sacramental de santificación. Por otra parte, los esposos se verán ayudados a recordar la verdad y raíz más profunda de su mutua donación y entrega: la indivisible unidad que han formado encuentra su explicación última en el misterio de amor de Cristo por la Iglesia, cuya fuente y cima es la Eucaristía [152]. La Sagrada Comunión, según la oportunidad pastoral, podrá recibirse bajo las dos especies [153]. Los contrayentes se prepararán acudiendo previamente al sacramento de la Penitencia[154].

Cuando se celebre sin Misa,
cuídese el carácter evangelizador de la liturgia de la Palabra

138. Pueden darse situaciones en las que, por motivos diversos, también de orden pastoral, el matrimonio haya de celebrarse fuera de la Misa [155]. Cuídese entonces la celebración de la Palabra, con todo su valor evangelizador; y muéstrese, en la homilía, la relación del sacramento del matrimonio con los sacramentos de la iniciación cristiana y con la Eucaristía, culmen de toda la acción de la Iglesia. En tales casos, siempre que se den las condiciones establecidas por la Iglesia, puede darse la Sagrada Comunión a los novios y a los demás fieles.

  • Lugar de la celebración

Normalmente en la Parroquia

139. El Matrimonio se celebrará en la parroquia de uno u otro de los novios [156]. Sin embargo, “con licencia del Ordinario del lugar o del párroco puede celebrarse en otra iglesia u oratorio” [157]. A su vez, muy excepcionalmente, “el Ordinario del lugar puede permitir la celebración del matrimonio en otro lugar conveniente” [158].

En consecuencia, se formará a los fieles para que, tan sólo por motivos de necesidad o de conveniencia pastoral, los matrimonios se celebren en iglesias o lugares distintos de la parroquia, a la que pertenecen los contrayentes o alguno de ellos.

Garantizar la validez de la Celebración

140. En cualquier caso, se deberá garantizar la validez de la celebración de su matrimonio y la observancia de las normas canónicas y disposiciones litúrgicas establecidas, y que se han adoptado las medidas necesarias para el cumplimiento de las formalidades posteriores a la celebración del matrimonio, v. g., anotaciones pertinentes en los libros de bautismos y de matrimonios, comunicación al registro civil, etc.

3. El matrimonio de los bautizados no creyentes

La fe, necesaria para el Sacramento

141. Como sacramento de Cristo y de la Iglesia, el matrimonio debe su eficacia a la acción de Cristo. Pero, a la vez, esa eficacia no se produce al margen de la fe de los contrayentes [159] . La fe es un presupuesto necesario en la celebración del sacramento del matrimonio. Un punto decisivo en este momento de la pastoral matrimonial es el discernimiento del estado de fe de los contrayentes, para que celebren su matrimonio conscientes, por la fe, del significado que encierra esa celebración.

Los pastores deben descubrir y nutrir la fe de los novios

142. Se ha tratar con especial delicadeza pastoral la celebración del matrimonio de los bautizados no creyentes. Es la situación de aquellos que se acercan al sacramento del matrimonio llevando una vida claramente incoherente con la fe, o manifestando que no son practicantes por convicción, o que declaran explícitamente no tener fe, o que acuden al matrimonio exclusivamente por motivos sociales, de conveniencia, etc. No se trata sólo de personas alejadas de la vida y práctica de la Iglesia, sino que se consideran positivamente ajenos a ella. Sin embargo, los motivos de carácter más bien social que pueden llevar a lo novios a pedir casarse en la Iglesia no pueden, por si solos, interpretarse como expresión de la falta de fe necesaria para la celebración sacramental del matrimonio.

En  esos casos, el amor a Cristo y a los que se casan ha de llevar siempre a poner los medios para lograr una celebración del matrimonio válida y lo más fructuosa posible. Es necesario actuar con discernimiento. No se puede olvidar que “la fe de quien pide desposarse ante la Iglesia puede tener grados diversos y  [si bien] es deber primario de los pastores hacerla descubrir, nutrirla y hacerla madurar (...), deben comprender las razones que aconsejan a la Iglesia a admitir a la celebración a quien está  imperfectamente dispuesto” [160] .

Discernir y distinguir
sobre la fe y el verdadero consentimiento de los contrayentes

143. Conscientes de las dificultades y riesgos en este discernimiento [161], en primer lugar es necesario distinguir entre los que quieren contraer matrimonio excluyendo algún elemento esencial (v. g. la indisolubilidad) y los que acuden diciendo que les falta la fe para la celebración del sacramento del matrimonio. La falta del verdadero consentimiento puede estar motivada por la falta de fe; pero son realidades diferentes y separables. Para que la exclusión de la sacramentalidad invalide el matrimonio ha de ser hecha mediante un acto positivo de la voluntad. Lo verdaderamente decisivo es conocer si los contrayentes quieren o no contraer matrimonio de acuerdo con el proyecto original de Dios sobre el matrimonio para toda la humanidad, tal como lo entiende la Iglesia.

Requisito indispensable para la Celebración válida

144. Para la celebración del matrimonio como sacramento es requisito indispensable que los contrayentes tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, al menos de una manera genérica. Pero, dada “la peculiaridad de este sacramento respecto de los otros: ser el sacramento de una realidad que existe ya en la economía de la creación: ser el mismo pacto conyugal instituido por el Creador ‘al principio’” [162], esa intención  va incluida en la decisión de casarse de verdad.

Una vez que los contrayentes se han incorporado a la economía de la Redención por el bautismo, su unión matrimonial, para que sea verdadera, ha de ser siempre realización del misterio de amor entre Cristo y la Iglesia[163]. Para que se dé el matrimonio-sacramento los únicos requisitos son que sea celebrado entre dos bautizados, y que quieran casarse de verdad. La realidad misma del matrimonio que está proyectada hacia el futuro implica normalmente en la conciencia de los que lo celebran la percepción de una realidad que les trasciende y en la que tienen que confiar, es un rastro de la fe que se puede alimentar.

No se debe impedir la Celebración
si se cumplen los requisitos mínimos

145. No es una solución adecuada ni justa impedir el acceso a la celebración eclesial del matrimonio o aconsejar el matrimonio civil a quienes piden la celebración religiosa, aunque no estén del todo preparados, siempre que reúnan los requisitos mínimos necesarios. “Como ha señalado el Concilio Vaticano II, los sacramentos, con las palabras y los elementos rituales, nutren y robustecen la fe, la fe hacia la cual están ya orientados en virtud de su rectitud de intención que la gracia de Cristo no deja de favorecer y sostener"[164].

El rechazo de la fe y de la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio
puede ser tal que impida la Celebración del Sacramento

146. Sin embargo, el grado de increencia en los que van a casarse puede ser tal que impida la celebración del sacramento del matrimonio. Eso ocurre “cuando, a pesar de los esfuerzos hechos, los contrayentes dan muestras de rechazar de manera explícita y formal lo que la Iglesia realiza cuando celebra el matrimonio de los bautizados"[165]. Entre estas características hay que tener especial cuidado en lo que corresponde a la unidad, indisolubilidad y la apertura a la fecundidad. Entonces “el pastor de almas no puede admitirlos a la celebración. Y, aunque no sea de buena gana, tiene obligación de tomar nota de la situación y de hacer comprender a los interesados que, en tales circunstancias, no es la Iglesia, sino ellos mismos, quienes impiden la celebración que a pesar de todo piden”[166] .

4. Los matrimonios mixtos y dispares

Dificultades que no deben ser subestimadas

147. Por el proceso de globalización nuestra sociedad se hace pluricultural y es cada vez más frecuente la celebración de matrimonios entre católicos y quienes no lo son. Aunque la diferencia de confesión religiosa no constituye un obstáculo insuperable para el matrimonio, es evidente que comporta dificultades que no deben ser subestimadas[167] . Por esta razón los pastores han de velar cuidadosamente para que se respeten a la vez las exigencias de la ley divina y los derechos fundamentales de los fieles.

Normas para los matrimonios mixtos

148. En el marco de lo establecido por el Derecho Canónico, los pastores han de hacer  conscientes a los contrayentes de las dificultades que pueden encontrar a causa de la diversidad de religión y de las obligaciones a que se compromete la parte católica [168]. En estos casos será necesario procurar de manera especial instruirlos en lo que se refiere a la naturaleza, propiedades y fines del matrimonio.

De ordinario se ha de observar la forma canónica en la celebración de los matrimonios mixtos, que puede ser dispensada por el Ordinario del lugar, si existen dificultades graves[169]. Respecto de la celebración religiosa, en su caso, se deben tener en cuenta las normas de la Iglesia sobre la communicatio in sacris. La celebración de los matrimonios mixtos puede constituir un momento de ecumenismo, pero eso sólo se consigue “cuando los cónyuges son fieles a sus deberes religiosos” [170]. Con licencia del Ordinario y evitando el peligro de escándalo y de indiferentismo en los fieles, el Directorio para el Ecumenismo prevé de qué modo puede darse esa “comunicación” [171] .

Normas para los matrimonios dispares

149. Se conoce también como matrimonio dispar el que se da entre parte católica y parte no bautizada. En este caso, los pastores, observando las disposiciones del Derecho Canónico, deben proceder con gran prudencia. En primer lugar, se ha de discernir la concepción del matrimonio que tiene la parte no bautizada, que muchas veces puede no ser compatible con su naturaleza, propiedades y fines. En consecuencia, nunca se proceda a la celebración de estos matrimonios sin la dispensa del impedimento de disparidad de cultos [172] .

Un cuidado muy particular se deberá tener con los matrimonios que se quieran celebrar entre parte católica y parte musulmana. Se ha de tener constancia documental de su libertad, de que no está impedida por la existencia de otro vínculo conyugal. Además será necesario examinar atentamente cuanto se refiere a la naturaleza y propiedades esenciales del matrimonio: muy especialmente sobre la unidad e indisolubilidad, y sobre el papel que se atribuye a la mujer en la familia, en la relación con el esposo y en la educación de los hijos. Se debe hacer consciente a la parte católica de las dificultades que, para el matrimonio, presentan los usos, las costumbres y las leyes islámicas por su concepción sobre la mujer (por ejemplo, la aceptación de la poligamia). Por eso, habrá de considerarse siempre la legislación matrimonial del Estado de donde proviene la parte musulmana y también (si es el caso) la que tiene aquél en el que fijarán su domicilio o residencia habitual[173] .

RESUMEN

  • La Celebración del Sacramento del Matrimonio constituye un momento central de toda la pastoral familiar y un acontecimiento eclesial de la historia de la salvación.
  • Se ha de procurar la participación activa y fructífera de los contrayentes, de los demás asistentes y de la comunidad parroquial.
  • En la preparación y desarrollo de la Celebración se ha de considerar que se trata de una acción sagrada, en la que, por tanto, deben guardarse las exigencias propias de la Liturgia: recogimiento, eclesialidad, sobriedad, sencillez, autenticidad, decoro, etc.

  • Dada la profunda conexión del Sacramento del Matrimonio con el de la Eucaristía, normalmente se celebrará la boda dentro de la Santa Misa. Se facilitará que los contrayentes puedan acudir previamente al sacramento de la Reconciliación.
  • Normalmente, el lugar de la Celebración será la Parroquia de los contrayentes.
  • Con respecto al Matrimonio de los bautizados que se declaran no creyentes, se ha de actuar con prudente discernimiento, esclareciendo ante todo si quieren contraer verdadero matrimonio. Los Pastores deben ayudar a descubrir y nutrir la fe de los mismos.
  • Con respecto a los matrimonios mixtos y dispares, que revisten especiales dificultades, se han de observar las normas canónicas y las directrices de los Obispos.

[94] Cfr. CCE, n. 1632.

[95] Cfr. FC, n. 66.

[96] Cfr. LG, n. 41.

[97] Cfr. FC, n. 66; PSM, n. 21.

[98] FC, n. 66: “Es el período en el que se imbuye la estima por todo valor auténticamente humano tanto en las relaciones interpersonales como en las sociales, con todo lo que significa de formación del carácter, para el dominio y recto uso de las propias inclinaciones, para el modo de considerar y encontrar a las personas del otro sexo, etc. Se exige, además, especialmente para los cristianos, una sólida formación espiritual y catequética que sepa mostrar en el matrimonio una verdadera vocación y misión, sin excluir la posibilidad del don total de sí mismo a Dios” en la virginidad o celibato apostólico. Cfr. PSM, n. 22.

[99] Cfr. GE, n. 2.

[100] Cfr. FC, n. 37; GE, n. 2; SH.

[101] Cfr. GrS, n. 20.

[102] CCE, n. 2223.

[103] Cfr. FC, n. 53.

[104] Con este motivo, la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la CEE ha editado unos materiales de trabajo sobre la Instrucción Pastoral Familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad como un modelo que puede servir de referencia en el momento de confeccionar materiales de catequesis y de enseñanza para esta etapa. Léase su introducción: FSVMT, 5-8.

[105] Cfr. IC, especialmente los nn. 41-42. 85-110.

[106] Cfr. PSM, nn. 29-30; OcM, n. 14.

[107] Cfr. FSV, nn. 22-26.

[108] Cfr. GS, n. 24; FC, n. 37.

[109] Cfr. SH, nn. 65-76.

[110] CCE, n. 2341.

[111] Pablo VI, Instrucción pastoral Conmunio et progressio, n. 67 (18.V.1971).

[112] PSM, n. 45: “El resultado final de este período de preparación próxima consistirá en el conocimiento claro de las notas esenciales del matrimonio cristiano: unidad, fidelidad, indisolubilidad y fecundidad; la conciencia de fe sobre la prioridad de la gracia sacramental, que asocia a los esposos como sujetos y ministros del sacramento al Amor de Cristo Esposo de la Iglesia; la disponibilidad para vivir la misión propia de las familias en el campo educativo y social”.

[113] Cfr. LG, n. 41.

[114] Cfr. GS, n. 49.

[115] Cfr. HV. Véanse los comentarios de Juan Pablo II a la encíclica Humanae vitae de Pablo VI, en el sexto ciclo de sus catequesis sobre la teología del cuerpo humano: Juan Pablo II, Hombre y mujer lo creó. El amor humano en el plano divino, Ed. Cristiandad, Madrid 2000, pp. 619-680.

[116] Cfr. FC, n. 66.

[117] Cfr. EV, nn. 92-94.

[118] Cfr PSM, n. 43.

[119] Cfr. CCE, n. 2391.

[120] Como se puede ver en el capítulo 2 de FSV.

[121] Cfr. OcM, nn. 468-486.

[122] Sobre el sentido de esta bendición, el tiempo y modo de realizarse cfr. OcM, n. 471, en donde recuerda que nunca deber realizarse dentro de la Misa para evitar toda confusión con la bendición nupcial.

[123] FC, n. 66.

[124] Cfr. PSM, n. 48.

[125] Cfr. CVII, Ad gentes, nn. 6. 13-15.

[126] Cfr. FC, n. 66.

[127] OcM, n. 17.

[128] Cfr. CIC, cn. 1065.

[129] Cfr. OcM, n. 18.

[130] Cfr. CIC, cn. 1066.

[131] Cfr. CEE, Decreto, 26.XI.1983, art. 12, 1 y anexo.

[132] Cfr. CIC, cn. 1070.

[133] Cfr. CIC, cn. 1069.

[134] CEE, Decreto, 26.XI.1983, art. 12, 2.

[135] Cfr. PSM, n. 62.

[136] Cfr. PSM, n. 60.

[137] Cfr. PSM, n. 61.

[138] Cfr. OcM, n. 28.

[139] Ibidem. (El subrayado es nuestro).

[140] Ibidem.

[141] Cfr. OcM, n. 29.

[142] OcM, n. 35: “se destacarán los principales elementos (...), a saber: la liturgia de la palabra, en la que se resalta la importancia del Matrimonio cristiano en la historia de la salvación y sus funciones y deberes de cara a la santificación de los cónyuges y de los hijos; el consentimiento de los contrayentes, que pide y recibe el que legítimamente asiste al Matrimonio; aquella venerable oración en la que se invoca la bendición de Dios sobre la esposa y el esposo; y, finalmente, la comunión eucarística de ambos esposos y de los demás presentes, con la cual se nutre sobre todo su caridad y se elevan a la comunión con el Señor y con el prójimo”.

[143] OcM, n. 59

[144] PSM, n. 69.

[145] PSM, n. 65.

[146] PSM, n. 71.

[147] Cfr. PSM, n. 67.

[148] Cfr. OcM, n. 30

[149] Cfr. OcM, n. 31.

[150] OcM, n. 29; cfr. SC, n. 78; FC, n. 57.

[151] Cfr. CCE, n. 1621; SC, n. 61.

[152] CCE, n. 1621: “Es, pues, conveniente que los esposos sellen su consentimiento en darse el uno al otro mediante la ofrenda de sus propias vidas, uniéndose a la ofrenda de Cristo por su Iglesia, hecha presente en el sacrificio eucarístico, y recibiendo la Eucaristía, para que, comulgando en el mismo Cuerpo y en la misma Sangre de Cristo, ‘formen un solo cuerpo’ en Cristo”.

[153] Cfr. OcM, n. 21; PSM, n. 70.

[154] Cfr. OcM, n. 18.

[155] Cfr. OcM, n. 29.

[156] Cfr. OcM, n. 27; CIC, cn. 1115.

[157] CIC, cn. 1118.

[158] Ibidem.

[159] Cfr. SC, n. 59.

[160] FC, n. 68.

[161] Ibidem.

[162] Ibidem.

[163] Cfr. ibidem.

[164] Ibidem. (El subrayado es nuestro).

[165] Ibidem. (El subrayado es nuestro).

[166] Ibidem. (El subrayado es nuestro).

[167] Cfr. CCE, n. 1634.

[168] Cfr. CIC, cn. 1125.

[169] Cfr. CIC, cn. 1127.

[170] Cfr. FC, n. 78.

[171] Cfr. DpE, nn. 157-158.

[172] Cfr. CIC, cn. 1086.1

[173] Cfr. Comisión episcopal de relaciones interconfesionales, Orientaciones para la celebración de los matrimonios entre católicos y musulmanes en España, EDICE, Madrid 1988.


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